miércoles, 13 de julio de 2011

Sientete, ahora que estás sola


Sin pensar en lo que hacía, poseída por el ardor, se despojó de la blusa por la cabeza, sin desabrocharla siquiera. Asió la cinturilla de su falda con ira y buscó a tientas la cremallera; una vez liberada de ella, dejó que la prenda se deslizara hasta sus tobillos, y la mandó lejos de una patada. La falda fue a caer desmadejada en el sofá justo cuando Ella se llevaba las encrespadas manos a la espalda para deshacerse del sujetador, que también arrojó al vacio de un manotazo. Con un último aliento, tratando de controlar su respiración, se quitó las bragas empapadas y se dobló sobre sí misma, ofreciéndole su redondo y blanco culo a un imaginario admirador, que en su mente la observaba con sus indecisos ojos repletos de lascivia...

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